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Pensamiento Crítico aplicado a la investigación
Critical Thinking applied to research
Franklin Antonio Gallegos-Erazo.
https://orcid.org/0000-0002-7560-3514
Universidad Tecnológica ECOTEC
fgallegos@ecotec.edu.ec
Doctor en Dirección Estratégica Empresarial, Máster en Administración de Empresas, Especialista en
Marketing, Ingeniero en Comercio y Gestión de Empresas, Coach certificado por LAMBENT del Reino
Unido y la EMCC International, Miembro de la International Coaching Community ICC de Londres.
Miembro honorario de la Sociedad Académica Internacional de Honor BETA GAMA SIGMA. Docente e
Investigador de la Universidad Tecnológica ECOTEC, km 13.5 Samborondón, Samborondón EC092302,
Ecuador.
Recibido: 06/02/2025
Aceptado: 20/03/2025
Publicado: 01/04/2025
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Resumen
El presente artículo examina la relevancia del
pensamiento crítico en la investigación,
considerando su papel esencial en la resolución
de problemas y en la toma de decisiones
fundamentadas dentro de un contexto
contemporáneo caracterizado por innovaciones
tecnológicas y cambios sociales acelerados. El
objetivo principal es analizar cómo el desarrollo y
la promoción del pensamiento crítico fortalecen la
formación de profesionales capaces de enfrentar
desafíos complejos y auténticos en sus áreas de
conocimiento. La investigación adopta un
enfoque cualitativo, con un diseño no
experimental de nivel descriptivo, utilizando
técnicas documentales para la recolección de
datos a partir de fuentes primarias confiables,
como libros especializados y artículos científicos
indexados. Los resultados evidencian que el
pensamiento crítico trasciende un conjunto de
habilidades cognitivas para convertirse en un
proceso dinámico que integra hábitos mentales y
disposiciones éticas, indispensables para un
desempeño riguroso y responsable en la
investigación. Asimismo, se destaca la
importancia de implementar estrategias
pedagógicas directas, explícitas y sistemáticas
para el desarrollo efectivo de estas competencias
en la educación superior. En conclusión, el
fomento sistemático del pensamiento crítico es
fundamental para formar individuos autónomos,
reflexivos, creativos y éticos, capaces de
adaptarse a entornos complejos y cambiantes, lo
que a su vez asegura un avance significativo en
la calidad y pertinencia del conocimiento
científico generado. La integración de estas
habilidades en los planes de estudio y en la labor
investigativa no solo responde a las demandas
actuales del mundo profesional y académico, sino
que también promueve una educación
transformadora que prepara a los futuros
profesionales para contribuir de manera crítica y
constructiva en la sociedad.
Palabras Clave: Pensamiento crítico, Resolución
de problemas, Desarrollo de competencias,
investigación
Abstract
This article examines the relevance of critical
thinking in research, considering its essential role
in problem-solving and informed decision-making
within a contemporary context characterized by
technological innovations and accelerated social
change. The main objective is to analyze how the
development and promotion of critical thinking
strengthens the training of professionals capable
of facing complex and authentic challenges in
their areas of knowledge. The research adopts a
qualitative approach, with a descriptive, non-
experimental design, utilizing documentary
techniques for data collection from reliable
primary sources, such as specialized books and
indexed scientific articles. The results show that
critical thinking transcends a set of cognitive skills
to become a dynamic process that integrates
mental habits and ethical dispositions, essential
for rigorous and responsible research
performance. It also highlights the importance of
implementing direct, explicit, and systematic
pedagogical strategies for the effective
development of these competencies in higher
education. In conclusion, the systematic
promotion of critical thinking is essential for
developing autonomous, reflective, creative, and
ethical individuals capable of adapting to complex
and changing environments, which in turn
ensures significant progress in the quality and
relevance of the scientific knowledge generated.
The integration of these skills into curricula and
research not only responds to the current
demands of the professional and academic world
but also promotes a transformative education that
prepares future professionals to contribute
critically and constructively to society.
Key words: Critical thinking, Problem solving,
Skills development, Research
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Introducción
El mundo contemporáneo marcado por innovaciones tecnológicas y constantes procesos
de cambio global, exige la formación de profesionales con alta capacidad de pensamiento
crítico y competencias sólidas para la resolución de problemas. Según los lineamientos
actuales en diseño curricular, no basta con enseñar estrategias puntuales para solventar
dificultades aisladas; es crucial fomentar en los estudiantes la capacidad de analizar
problemas auténticos, basándose en una comprensión cabal y sistémica del contexto que
los rodea. Esta aproximación curricular impulsa la creatividad, el rigor intelectual y la
independencia en el aprendizaje. De este modo, la educación basada en problemas se
convierte en un motor de transformación pedagógica y profesional.
En efecto, la transición de una sociedad industrial a otra fundamentada en el
conocimiento resalta la necesidad de una educación centrada en el desarrollo de
competencias cognitivas complejas y hábitos mentales dirigidos a un aprendizaje
continuo y autónomo. La formación de individuos capaces de participar activamente en
la construcción, gestión y difusión del conocimiento posiciona al pensamiento crítico
como un pilar fundamental para la ciudadanía plena y responsable en la sociedad
contemporánea. A través de la incorporación de estas habilidades, es posible potenciar
la capacidad adaptativa y la toma de decisiones informadas en entornos cambiantes.
Además, este enfoque educativo incentiva la innovación y el aprovechamiento de nuevos
recursos para la solución de problemas emergentes.
Acorde con esta visión, Rotherham y Willingham (2009) afirman que, si bien las
competencias críticas y cognitivas no son propiamente nuevas, el contexto actual
demanda un énfasis sin precedentes en su desarrollo e integración. Las transformaciones
económicas y sociales han incrementado el impacto de estas habilidades sobre el éxito
individual y colectivo, dotándolas de un valor estratégico en todos los ámbitos. Así, la
enseñanza deliberada y sistemática del pensamiento crítico se perfila como una
obligación ética para todos los niveles y modalidades educativas. Además, la
actualización constante de estrategias pedagógicas fortalece la pertinencia y vigencia de
la formación profesional.
Una de estas habilidades se trata del pensamiento crítico, la cual no se limita a las
disciplinas, conocimiento o experiencia, sino que más bien ocurre dentro y a través de
todos estos dominios (Paul & Elder, 2002). Por esta razón, se considera al pensamiento
crítico como un atributo que mejora la habilidad de una persona en la resolución de
problemas y toma de decisiones (Romeo, 2010), por lo que debe verse como un proceso
en lugar de un punto final (Facione, 2006). Por lo tanto, la educación superior debe buscar
mejorar la estructura del currículo de las carreras, teniendo no solo un enfoque al
conocimiento y habilidades aplicados en la práctica en las diferentes profesiones, sino
que, debe hacer un mayor énfasis en guiar a los estudiantes a ser pensadores críticos en
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su profesión, situación que los ayudará a resolver problemas y tomar decisiones para
toda la vida (Lee, 2007).
En el siguiente ensayo se hará una breve revisión sobre la importancia del pensamiento
crítico en el desenvolvimiento se las personas, profesiones y aplicado a través de la
investigación. Hoy en día en el campo académico es importante que los educadores e
investigadores sean formados con base en el pensamiento crítico, mismo que ayudaría
a resolver los problemas y tomar decisiones oportunas en la evolución del trabajo
investigativo a través de un procedimiento cognitivo.
La presente investigación adopta un enfoque cualitativo, orientado a la comprensión
contextualizada de los fenómenos estudiados, sin recurrir a la manipulación de variables.
En concordancia con ello, se implementa un diseño no experimental, cuya característica
central radica en la observación y análisis sistemático de los datos tal como se presentan
en su contexto natural, excluyendo la intervención del investigador en el proceso. A nivel
descriptivo, la metodología se enfoca en detallar las características y relaciones
inherentes a los objetos de estudio, permitiendo un entendimiento exhaustivo sin
establecer relaciones causales.
Para la recolección de datos, se emplean técnicas documentales que privilegian fuentes
primarias de información, tales como libros especializados y artículos científicos
indexados en bases de datos reconocidas, lo que garantiza la validez y pertinencia de los
datos recabados. La población documental está conformada por este conjunto de
materiales especializados, seleccionados conforme a criterios de relevancia, actualidad
y rigurosidad académica.
Esta metodología empleada fortalece la investigación al sustentarla en información fiable
y de alta calidad, facilitando análisis detallados y fundamentados. Asimismo, permite
explorar con amplitud los postulados teóricos y empíricos pertinentes, contribuyendo al
desarrollo de conclusiones sólidas y coherentes con los objetivos planteados. De esta
manera, la metodología garantiza un proceso investigativo riguroso, sustentado en una
base documental en línea a la temática abordada.
Algunas consideraciones teóricas sobre pensamiento crítico
Para Facione (1990), el pensador crítico ideal recurre continuamente a las experiencias
pasadas y a su base de conocimientos, para de esta forma evaluar honesta y
abiertamente los eventos, para resolver problemas y tomar decisiones de manera
ordenada (Facione P. , 1990). De modo similar, Stewart & Dempsey (2005), definieron el
pensamiento crítico desde el punto de vista específico de la American Philosophical
Association (1990), quienes describen las disposiciones del pensamiento crítico. Estas
disposiciones incluyen atributos tales como “habits of the mind, intellectual virtues, a
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characterological profile, and a set of attitudes toward thinking processes” (Stewart &
Dempsey, 2005, p. 81).
Para Wiersma (2000), en la investigación educativa, la teoría cumple una función
sintetizadora, combinando ideas y fragmentos individuales de información empírica en un
conjunto de constructos que proporcionan una comprensión más profunda, un significado
más amplio y una aplicabilidad más amplia, mientras que las teorías y dispocisiones del
pensamiento crítico poseen un enfoque recurrente que se describe mejor como
“pensamiento razonado y reflexivo.
Nosich (2001) escribió que el pensamiento crítico es aquel modo de pensar sobre
cualquier tema, contenido o problema, en el que el pensador mejora la calidad de su
pensamiento haciéndose cargo hábilmente de las estructuras inherentes al pensamiento
e imponiéndoles estándares intelectuales. Evaluando ésta apreciación, una persona o
investigador puede desarrollar habilidades de pensamiento crítico pensando en su propio
pensamiento, razonando sus propias ideas, evaluando sus propias experiencias y
desarrollando habilidades necesarias para convertirse en un pensador crítico.
Un objetivo declarado de casi todas las escuelas hoy en día es promover el pensamiento
crítico. Pero ¿cómo debe enseñarse? (Noddings, 2008). Capacitadores, educadores y
formadores estarían de acuerdo que para poder enseñar habilidades y desarrollar el
pensamiento crítico en las personas, éstas deberían ser incorporadas en el contenido
mediante estrategias y metodologías de enseñanza directas y explícitas, donde el rol del
maestro es introducir la habilidad de pensamiento crítico y usa la instrucción directa para
enseñar la habilidad.
Una instrucción directa debe tener varios componentes: a) objetivos de aprendizaje
explícitos; b) se enfoca a una tarea o contenido específico; c) son explícitas las etapas
de una tarea de aprendizaje; d) emplea métodos cuidadosamente estructurados
aplicados a la actividad en el aprendizaje; e) proporciona una práctica constante y
extensa para desarrollar la habilidad; f) se realiza un monitoreo del progreso y evolución
de la habilidad adquirida por el estudiante, donde debe existir una constante
retroalimentación, correctiva e inmediata (Swartz, 2010, p. 67)
El enseñar las habilidades de pensamiento crítico de forma explícita y directa por parte
de los educadores a estudiantes, ayuda, fortalece, desarrolla más efectivamente la
comprensión y aprendizaje de éstas habilidades. Muchos docentes creen que han
enseñado pensamiento crítico con escuchar opinones de sus estudiantes, pero realmente
no han revisado y evaluado sus habilidades para lograrlo, por ende, el explicar los
pocesos que se deben seguir para desarrollar la habilidad del penamineto críto es
importantes, así como evalauar que éstos procesos se los esté aplicando de forma idónea
(Fisher, 2001).
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En el caso del aprendizaje del lenguaje Rupley (2009), explicó que la instrucción directa
y explícita al enseñar a los lectores , provee a los docentes un marco para desarrollar
diferentes lecciones y habilidades donde la instrucción directa y explícita ayudará a los
estudiantes a interactuar con el lenguaje escrito, comprenderlo y entenderlo. Realmente
en ésta afirmación no importa cuál sea el área temática, ciencia que se estudio o tema
que se revise, el ser explícitos y dar instrucciones directas al momento de la enseñanza
por parte de los profesores y aprendiaje por parte de los estudiantes, es vital para que
desarrollen y organicen su pensamiento.
Considerando la revisión de literatura anterior, y las afirmaciones o eneuniados sobre lo
que es el pensamiento crítico, vale la pensa revisar cuál es el contraste a éste término,
lo que sería un pensamiento acrítico, o definir cómo sería la persona que no posee un
pensamiento crítico. Paul, et al. (1995) escribieron que el pensador acrítico no reflexiona
ni evalúa las razones de un conjunto particular de creencias. Al simplemente estar de
acuerdo o en desacuerdo, acepta o rechaza conclusiones, a menudo sin comprenderlas.
Al carecer de habilidades para analizar y evaluar, esta persona permite que razones
irrelevantes influyan en sus conclusiones, no percibe las suposiciones y, por lo tanto, no
las evalúa.
Lo antes expuesto, indica que las personas que no poseen pensamiento crítico, o que su
pensamiento es acritico, significa que ésta persona o individuo no posee la habilidad de
reflexionar o de evaluar los argumentos, razonamientos en un conjunto, lo que hace que
pueda emitir una opinión de aceptación o rechazo de las conclusiones percibidad de un
conjunto de enunciados u otras personas, donde a menudo no las comprende a
profundidad. Esta muy claro que la falta de evaluación y análisis permite que ésta persona
escuche, lea u observe las razones que argumentan un evento, pero las considera
irrelevantes al no profundizar su significado y consecuencias.
Hoy en a, en el mundo real las personas se enfrentan a diferentes cambios en el
ambiente económico, la evolución de las tecnologías, de alta competitividad profesional
y empresrial, donde las empresas buscan profesionales que posean competencias y
habilidades basadas en el penamineto crítico y resolución de problemas. Por tal razón,
diseñar un plan de estudios baados en problemas no significa presentar una lección que
enseña a los estudiantes sólo a resolver un problemas, sino que, una forma de guiar el
contenido currícular donde los estudiantes resuelven problemas auténticos a través del
aprendizaje y comprensión del mismo (Swartz R. , 2008)
Puesto que el mundo ha cambiado, y el modelo social ha cambiado de la industrialización
a un modelo del conocimiento y aprendizaje, esto requiere de una educación que
desarrolle individuos con conocimientos y habilidades para la resolución de problemas,
procesos cognitivos, hábitos mentales necesarios para participar en un aprendizaje
permanente. Sobre la habilidad de pensamiento crítico Rotherham & Willingham (2009)
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mencionan que, las habilidades que necesitan los estudiantes en el siglo XXI no son
nuevas, lo que realmente es nuevo es hasta qué punto los cambios en la economía y en
el mundo significan que el éxito colectivo e individual depende de tener dichas
habilidades.
Las disposiciones generales del pensamiento crítico, tal como las identifica el California
Critical Thinking Disposition Inventory (CCTDI), están diseñadas para medir la propensión
o inclinación de un estudiante hacia el pensamiento crítico, entendido no solo como un
conjunto de habilidades sino como un conjunto de hábitos mentales o "hábitos de la
mente" que facilitan y motivan el uso constante y adecuado de dichas habilidades
(Phillips, Chestnut, & Rospond, 2004). Estas disposiciones incluyen siete elementos
esenciales que conforman el carácter intelectual del individuo comprometido con el
pensamiento crítico, los cuales constituyen un perfil integral que impulsa al individuo no
solo a poseer habilidades cognitivas, sino también a aplicar estas en un marco ético y
reflexivo, favoreciendo así una toma de decisiones crítica, fundamentada y responsable.
La medición de estas disposiciones permite no solo evaluar el nivel actual de propensión
al pensamiento crítico, sino también orientar intervenciones educativas para el desarrollo
integral del pensador crítico.
Dichos elementos son la búsqueda de la verdad es un deseo de obtener el mejor
conocimiento, incluso si socava las preconcepciones o creencias de uno; la apertura
mental y la tolerancia de puntos de vista distintos a los suyos, así como el monitoreo de
mismo para posibles sesgos; la analiticidad se demuestra por la demanda de aplicación
de la razón y la evidencia, la conciencia de las situaciones problemáticas y la inclinación
a anticipar las consecuencias; la sistemática se relaciona con el enfoque de cada uno en
abordar todos los niveles de problemas y valorar la organización; la autoconfianza del
pensamiento crítico es la confianza en las propias habilidades de razonamiento; la
curiosidad se relaciona con la curiosidad y el afán de adquirir conocimientos y aprender
explicaciones; la madurez cognitiva es indicativa de prudencia al hacer, suspender o
revisar el juicio (Phillips, Chestnut, & Rospond, 2004; Facione P., 2007).
Discusión
De acuerdo con Facione (1990), el pensamiento crítico se presenta como un elemento
esencial para todo proceso de indagación investigativa. Esta perspectiva pone de
manifiesto que la labor intelectual requiere no solo la acumulación pasiva de información,
sino también el ejercicio constante de recurrir a experiencias previas y marcos de
conocimiento propio para analizar, comparar y evaluar los problemas o situaciones
planteadas. Así, el pensamiento crítico viene a ser el fundamento sobre el cual se edifica
una toma de decisiones ordenada y fundamentada, capaz de enfrentar los desafíos
inherentes a todo entorno investigativo. De igual manera, al abordar cuestiones
complejas, el investigador con pensamiento crítico demuestra una disposición genuina
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hacia el examen profundo y la revisión de supuestos, lo que eleva la calidad y pertinencia
de sus conclusiones.
En este contexto, resulta pertinente destacar el aporte de Stewart y Dempsey (2005),
quienes recuperan la interpretación de la American Philosophical Association para
concebir el pensamiento crítico más allá de una simple habilidad técnica. Según estos
autores, se trata de un constructo que incorpora disposiciones, hábitos intelectuales y
virtudes, configurando así una actitud estable y favorable hacia el ejercicio reflexivo. De
tal manera, el pensamiento crítico adquiere una dimensión ética y valorativa indisoluble,
evidenciando que las virtudes intelectuales como la honestidad y la apertura son
necesarias para desarrollar criterios sólidos. Además, la integración de estos
componentes éticos potencia el impacto del pensamiento crítico, transformándolo en una
cualidad transversal necesaria en todos los ámbitos del saber.
Por otra parte, al reflexionar sobre el papel de la teoría en la investigación educativa,
Wiersma (2000) señala que las teorías cumplen una función integradora, dando cohesión
y sentido a los datos empíricos y a las diversas ideas emergentes. Este proceso de
síntesis intelectual permite la generación de constructos significativos y de mayor
aplicabilidad, donde el pensamiento reflexivo resulta indispensable para lograr una
comprensión profunda de los fenómenos estudiados. En consecuencia, la labor teórica
basada en un pensamiento crítico riguroso respalda la construcción de conocimiento
relevante, contribuyendo al avance disciplinar y mejorando la toma de decisiones
fundamentadas. Estas características refuerzan la idea de que la teoría, anclada en la
reflexión crítica, es imprescindible para abordar problemas complejos y cambiantes.
Asimismo, la postura de Nosich (2001) proporciona una visión estructural del
pensamiento crítico, entendiendo este proceso como el ejercicio deliberado de controlar
y dirigir conscientemente las estructuras internas del raciocinio. Tal autorregulación
intelectual faculta al individuo para imponer estándares como claridad, exactitud y
relevancia, reduciendo riesgos de incurrir en sesgos habituales durante la interpretación
de datos. En este sentido, el investigador con pensamiento crítico es capaz de examinar
cada etapa de su proceso lógico con detenimiento, lo que se traduce en una mayor
confiabilidad y objetividad en los resultados obtenidos. Este autocontrol intelectual
refuerza simultáneamente la ética profesional y el rigor científico necesario para
investigaciones de calidad.
En consecuencia, el desarrollo de habilidades metacognitivas se vuelve un requisito
irrenunciable para todo investigador que aspire a consolidar capacidades de pensamiento
crítico. La metacognición, entendida como la habilidad de pensar sobre el propio
pensamiento y de evaluar de manera honesta las ideas y experiencias propias, permite
detectar falacias, contradicciones y suposiciones no examinadas. En este marco, la
autoevaluación y el perfeccionamiento continuo emergen como factores clave para
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asegurar una argumentación sólida, coherente y transparente. Adicionalmente, este
proceso auto-reflexivo contribuye a la formación de investigadores autónomos y
resilientes frente a desafíos intelectuales.
Sin embargo, la enseñanza del pensamiento crítico plantea retos pedagógicos
significativos, tal como lo señala Noddings (2008). No basta con propiciar simples
exposiciones o debates; es indispensable promover estrategias instruccionales directas,
sistematizadas y claras, que favorezcan la asimilación y práctica constante de las
habilidades críticas. Solo una labor docente intencionada garantiza que los estudiantes
logren apropiarse verdaderamente de los mecanismos y procesos subyacentes al
pensamiento crítico, transfiriéndolos a contextos aplicables en la investigación y la vida
profesional. Así, se subraya la importancia de que los educadores actúen como guías
activos y conscientes en este proceso formativo.
En este sentido, Swartz (2010) puntualiza la necesidad de una instrucción directa que
contemple objetivos de aprendizaje explícitos, tareas bien definidas, actividades
estructuradas y retroalimentación constante. Dicha metodología asegura que los
estudiantes progresen de manera verificable y que las competencias críticas sean
desarrolladas progresiva y sostenidamente. Asimismo, la práctica frecuente y el
monitoreo objetivo de avances individuales permiten identificar oportunamente áreas de
mejora y consolidar los logros alcanzados. Bajo este enfoque, la adquisición del
pensamiento crítico deja de depender del azar, transformándose en una meta tangible y
evaluable para el docente y el estudiante.
Ahora bien, resulta relevante considerar que, según Fisher (2001), muchos docentes
tienden a confundir la exposición de opiniones estudiantiles con la enseñanza del
pensamiento crítico, omitiendo la supervisión y la evaluación de las destrezas adquiridas.
Por esa razón, se recomienda que los educadores expliquen, modelen y guíen de forma
clara los procesos lógicos, incentivando una aplicación consciente y reflexiva del
pensamiento crítico en sus estudiantes. Esto favorece la interiorización real de las etapas
del razonamiento y permite la consolidación de competencias transferibles a situaciones
diversas. Así, el enfoque docente se torna más integral, orientado al desarrollo pleno del
potencial intelectual.
De manera similar, en ámbitos como la alfabetización, Rupley (2009) resalta la
importancia de la instrucción directa y explícita al señalar que esta favorece una
comprensión profunda de la lectura y la interacción eficaz con los textos escritos. Este
principio puede extrapolarse sin dificultad a otras áreas del conocimiento, donde la
claridad, organización y explicitud de las instrucciones representan factores esenciales
para el fortalecimiento del análisis crítico. El empleo sistemático de tales enfoques
fomenta la participación activa del estudiante y proporciona sostenibilidad a los
aprendizajes desarrollados. Consecuentemente, la implementación de técnicas
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pedagógicas directas beneficia de manera transversal el dominio de habilidades críticas
fundamentales.
En esta línea argumentativa, resulta útil contrastar el perfil del pensador crítico con el del
individuo acrítico, tal como lo describen Paul et al. (1995). El pensador acrítico tiende a
aceptar o rechazar conclusiones sin mayor examen o análisis, mostrando escasa
disposición para reflexionar críticamente sobre los argumentos presentados. Esta actitud
puede conducir a la aceptación de ideas infundadas o superficiales, limitando la
capacidad resolutiva y adaptativa ante problemas complejos. La ausencia de
pensamiento crítico expone a las personas a la manipulación y a la adopción irreflexiva
de opiniones poco fundamentadas. Reconocer este contraste contribuye a visibilizar la
relevancia social y profesional del desarrollo de esta competencia.
Como resultado de lo anterior, la carencia de pensamiento crítico se traduce en una
marcada falta de autonomía intelectual, acompañada de escasa capacidad para
discriminar entre argumentos sólidos y falaces. En contextos investigativos, esta
deficiencia impacta negativamente en la validez de los procesos y en la justificación de
las decisiones tomadas a lo largo del estudio. Además, en ámbitos profesionales y
sociales, esta limitación puede limitar el crecimiento y dificultar la adaptación frente a
situaciones nuevas o complejas. Por tanto, la autonomía intelectual basada en el
pensamiento crítico se consolida como una habilidad esencial y estratégica.
Finalmente, el modelo propuesto por el California Critical Thinking Disposition Inventory
(CCTDI) plantea una taxonomía concreta y operativa para la formación de hábitos
mentales orientados al pensamiento crítico. Las siete disposiciones fundamentales, tales
como: búsqueda de la verdad, apertura mental, analiticidad, sistematicidad,
autoconfianza, curiosidad y madurez cognitiva, ofrecen una guía estructurada para el
desarrollo de un pensamiento riguroso, ético y profundo. El cultivo equilibrado de estas
disposiciones favorece la consolidación de investigadores y profesionales íntegros,
preparados para enfrentar con responsabilidad los complejos retos de la investigación
contemporánea. A través de la promoción activa de estos hábitos, las instituciones
educativas contribuyen significativamente al fortalecimiento intelectual y ético de sus
miembros.
Conclusiones
Con base en el análisis crítico presentado, se concluye que el pensamiento crítico
constituye una competencia indispensable en el contexto contemporáneo, marcado por
constantes innovaciones tecnológicas y cambios globales acelerados. La formación de
profesionales con habilidades críticas sólidas y capacidad para abordar problemas
auténticos a partir de un análisis contextualizado es ya una demanda impostergable para
la educación actual. Así, la integración de estas competencias en los diseños curriculares
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no solo fomenta el rigor intelectual y la creatividad, sino que también promueve la
autonomía y la independencia en el aprendizaje, elementos esenciales para la adaptación
a entornos dinámicos y complejos.
En segundo lugar, se reafirma que la transición de una sociedad industrial hacia una
basada en el conocimiento impulsa una educación centrada en el desarrollo de
competencias cognitivas complejas y hábitos mentales orientados al aprendizaje continuo
y autónomo. El pensamiento crítico, por su naturaleza transversal, se posiciona como un
pilar fundamental para la ciudadanía responsable, capaz de gestionar y difundir
conocimiento con ética y profundidad. Esta perspectiva rescata la importancia de cultivar
habilidades que potencien la capacidad de toma de decisiones informadas y la
adaptación frente a escenarios cambiantes, consolidando un modelo educativo pertinente
para las exigencias del siglo XXI.
Asimismo, el estudio pone de manifiesto la necesidad de entender al pensamiento crítico
no únicamente como un conjunto de habilidades, sino como un proceso dinámico e
integrador que atraviesa todas las disciplinas y contextos profesionales. Reconocer esta
dimensión implica que la educación superior debe ir más allá del simple enfoque técnico
y promover el desarrollo integral de pensadores críticos, capaces de resolver problemas
complejos y tomar decisiones con fundamento sólido a lo largo de su vida profesional.
Esto demanda una revisión profunda y constante en la estructura curricular, que oriente
la formación hacia esta meta sustantiva.
En el ámbito metodológico, se destaca la eficacia del enfoque cualitativo y del diseño no
experimental para abordar temáticas como el pensamiento crítico, permitiendo un análisis
descriptivo riguroso y contextualizado basado en fuentes primarias documentales. La
selección cuidadosa de libros y artículos científicos indexados garantiza la validez y
pertinencia de los datos, posibilitando análisis profundos que sustentan conclusiones
sólidas y coherentes. Este soporte metodológico fortalece la investigación al asegurar
que los hallazgos se fundamenten en información confiable y rigurosa, en sintonía con
los objetivos planteados y el marco teórico abordado.
Por otro lado, la revisión crítica de la literatura pone en evidencia que el pensamiento
crítico requiere de disposiciones específicas o “hábitos de la mente” que, según el modelo
del California Critical Thinking Disposition Inventory (CCTDI), incluyen aspectos como la
búsqueda sincera de la verdad, la apertura mental, la analiticidad, la sistematicidad, la
autoconfianza, la curiosidad y la madurez cognitiva. El desarrollo equilibrado de estas
disposiciones contribuye a conformar un perfil integral de pensamiento crítico, donde no
solo se movilizan habilidades cognitivas, sino también valores éticos y actitudes
reflexivas, indispensables para la investigación y la práctica profesional contemporánea.
En consecuencia, su promoción se vuelve una prioridad en los procesos formativos.
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Finalmente, se concluye que la enseñanza del pensamiento crítico enfrenta desafíos
pedagógicos significativos, como la confusión entre la mera expresión de opiniones y la
verdadera formación crítica, lo cual resalta la importancia de estrategias instruccionales
directas, explícitas, sistemáticas y evaluables. Los docentes deben asumir un rol activo y
riguroso en el modelamiento y supervisión de las habilidades críticas, garantizando que
los estudiantes desarrollen competencias transferibles, sólidas y conscientes. Solo así
será posible formar profesionales e investigadores capaces de enfrentar con ética, rigor
y creatividad los complejos problemas del mundo actual, asegurando una educación
pertinente y transformadora.
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