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Educación financiera para la protección de los
derechos del usuario en el sistema financiero
Financial education for the protection of user rights in
the financial system
María Elena Carrillo Ortega
https://orcid.org/0009-0006-8247-6265
Universidad ECOTEC
mcarrillo@ecotec.edu.ec
Magistra en Gerencia y Liderazgo Educativo. Especialista en Gestión y Liderazgo Educativo. Diploma
Superior en Gestión Educativa. Abogada de los Juzgados y Tribunales de la República. Licenciada en
Ciencias Políticas y Sociales. Vicerrectora y Rectora de instituciones educativas de nivel medio. Docente
Universitaria Facultad de Derecho y Gobernabilidad. Docente Universitaria Facultad de Posgrado
Educación. Coordinadora Académica Institucional Universidad ECOTEC, Km 13 ½ vía Samborondón,
Guayas, Ecuador.
José Miguel Vélez Coello
https://orcid.org/0009-0007-8086-5774
Universidad Católica de Santiago de Guayaquil
jose.velez@cu.ucsg.edu.ec
Magíster en Derecho Constitucional. Especialista en Sistemas Jurídicos de Protección a los Derechos
Humanos. Diploma Superior en Derechos Fundamentales. Abogado de los Tribunales y Juzgados de la
República. Asesor legal en instituciones públicas y privadas. Docente Universitario Facultad de
Jurisprudencia y Ciencias Sociales y Políticas Universidad Católica de Santiago de Guayaquil.
Recibido: 02/10/2024
Aceptado: 09/12/2024
Publicado: 31/12/2024
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Resumen
La educación financiera emerge como un pilar
fundamental para la defensa de los derechos de
los usuarios en el sistema financiero. Facilita la
comprensión de productos y servicios,
permitiendo decisiones informadas y la
evaluación de riesgos y oportunidades. El
presente artículo tiene como objetivo, analizar la
educación financiera para la protección de los
derechos del usuario en el sistema financiero
ecuatoriano. Se trata de una investigación con
enfoque cualitativo, de diseño no experimental y
de nivel descriptivo-documental. Se realizó una
revisión bibliográfica sobre la temática, apoyada
en la Constitución de Ecuador, el Código
Orgánico Monetario y Financiero, y las
resoluciones de la Superintendencia de Bancos,
así como también, en informes de la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económico y de las Naciones Unidas sobre
Comercio y Desarrollo; los cuales priorizan la
protección de los derechos ciudadanos y el
bienestar económico sobre la especulación
financiera. Los resultados muestran que la
educación financiera empodera a los usuarios
para detectar cláusulas abusivas, proteger su
información personal y reclamar ante
vulneraciones, recurriendo a entidades como la
Superintendencia de Bancos y el Defensor del
Cliente. Este enfoque no solo beneficia a los
individuos, sino que también promueve un
mercado más equitativo y transparente, donde
las entidades financieras deben adherirse a
prácticas justas y éticas. Se concluye que, la
protección y defensa de los derechos de los
usuarios del sistema financiero son
fundamentales para un mercado justo y
transparente, donde los consumidores pueden
acceder a servicios seguros y confiables. Po lo
tanto, la resolución oportuna de reclamos y la
protección de los derechos de los usuarios
contribuyen a un desarrollo económico más
equitativo y sostenible, permitiendo la
participación en igualdad de condiciones para
todos.
Palabras clave
Educación financiera, Sistema financiero,
usuarios del sistema financiero, protección de
derechos, decisiones informadas.
Abstract
Financial education emerges as a fundamental
pillar for defending the rights of users in the
financial system. It facilitates the understanding of
products and services, allowing informed
decisions and the evaluation of risks and
opportunities. This article aims to analyze
financial education for the protection of user rights
in the Ecuadorian financial system. It is a
qualitative research study with a non-
experimental design and a descriptive-
documentary level. A bibliographic review was
conducted on the topic, supported by Ecuador's
Constitution, the Organic Monetary and Financial
Code, and resolutions from the Superintendence
of Banks, as well as reports from the Organization
for Economic Co-operation and Development and
the United Nations Conference on Trade and
Development; these prioritize the protection of
citizen rights and economic well-being over
financial speculation. The results show that
financial education empowers users to detect
abusive clauses, protect their personal
information, and claim against violations,
resorting to entities such as the Superintendence
of Banks and the Customer Defender. This
approach not only benefits individuals but also
promotes a more equitable and transparent
market, where financial entities must adhere to
fair and ethical practices. It is concluded that the
protection and defense of user rights in the
financial system are fundamental for a fair and
transparent market, where consumers can
access safe and reliable services. Therefore, the
timely resolution of complaints and the protection
of user rights contribute to a more equitable and
sustainable economic development, allowing
participation on equal terms for all.
Key words
Financial education, financial system, users of the
financial system, protection of rights, informed
decisions.
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Introducción
En el entorno actual, donde las decisiones financieras tienen un impacto significativo en
la vida personal y empresarial, la educación financiera emerge como una herramienta
crucial para tomar decisiones informadas. Esta disciplina no solo permite a los individuos
y organizaciones gestionar sus recursos de manera efectiva, sino que también
desempeña un papel fundamental en la protección del consumidor y en la prevención de
conflictos económicos y legales. La intersección entre el derecho y las finanzas es
particularmente relevante, ya que las regulaciones y normativas legales proporcionan el
marco necesario para que la educación financiera sea efectiva. En este artículo, se
explorará cómo la educación financiera actúa como una herramienta legal para la
protección del consumidor, cómo el derecho influye en la educación financiera, cómo esta
intersección fortalece la toma de decisiones legales, y finalmente, cómo contribuye a
prevenir conflictos económicos y legales.
En la última década, el entorno financiero ha experimentado una transformación
significativa, impulsada principalmente por el avance tecnológico. Esto ha generado
nuevas oportunidades de acceso, pero también ha introducido desafíos y riesgos
adicionales para una población que carece de sólidos conocimientos financieros. Las
recientes encuestas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos
(OCDE) revelan que, especialmente entre los grupos vulnerables, existe una falta de
competencias financieras básicas, lo que los deja mal equipados para tomar decisiones
financieras informadas (OCDE, 2021).
Como resultado de la creciente importancia de la educación financiera, que combina
conocimientos, habilidades, actitudes y comportamientos necesarios para tomar
decisiones financieras que promuevan el bienestar personal, este tema se ha convertido
en una prioridad en las políticas blicas de varios países. Se reconoce como un
elemento clave para fortalecer la inclusión financiera y la protección del consumidor,
contribuyendo al desarrollo del sistema financiero y a la reducción de la pobreza. Hasta
mayo de 2020, más de 70 países y economías han comprometido su apoyo a través de
"Estrategias Nacionales", que establecen directrices para diseñar, implementar y evaluar
políticas y programas destinados a desarrollar las capacidades financieras de la
población (OCDE y CAF, 2020).
La protección del consumidor financiero busca equilibrar las relaciones entre proveedores
y consumidores de servicios financieros, ya que estos últimos suelen tener menos
información que las instituciones financieras. Esto puede llevar a tasas de interés
excesivas, desconocimiento de las opciones financieras disponibles y falta de alternativas
para compensaciones. Este desequilibrio se acentúa cuando los clientes tienen poca
experiencia y los productos financieros son complejos. Aunque se promueve la inclusión
financiera al incorporar a clientes no bancarizados, algunas instituciones financieras
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aprovechan su ventaja informativa para aumentar sus ganancias a costa de los
consumidores, quienes pueden endeudarse excesivamente, carecer de cobertura de
seguros adecuada y no obtener rendimientos sobre sus inversiones. Esto a menudo se
debe a vacíos en las regulaciones, que originalmente fueron diseñadas para fomentar la
inclusión financiera.
Las fuerzas del mercado que operan sin un control adecuado o las políticas que buscan
flexibilizar las regulaciones para expandir los mercados financieros y ofrecer servicios a
sectores sociales más vulnerables pueden resultar perjudiciales para los consumidores.
Esto se debe a que el acceso financiero sin regulación puede llevar a problemas como el
sobreendeudamiento debido a precios excesivos y préstamos abusivos, pérdida de
ahorros o bienes en garantía, especialmente cuando entran al mercado actores poco
éticos que buscan ganancias a corto plazo. Aunque los precios altos pueden justificarse
en mercados donde es difícil ofrecer servicios, la falta de controles permite que algunas
instituciones financieras cobren en exceso. Los créditos abusivos que provocan
sobreendeudamiento son comunes en mercados poco regulados, lo que conduce a altos
índices de morosidad. Además, existen casos menos frecuentes, pero igualmente graves,
como el robo de dinero o avales de clientes y prácticas de cobranza extremas que pueden
resultar en abuso físico o emocional hacia los clientes (AFI, 2010).
En el momento de una transacción financiera, la información se convierte en un elemento
crucial de poder. Los consumidores, especialmente los nuevos clientes, suelen carecer
de conocimientos sobre el sistema financiero y las transacciones, lo que los coloca en
desventaja. Por otro lado, los proveedores de servicios financieros buscan obtener una
gran cantidad de información sobre sus clientes y el mercado, incluyendo historiales
crediticios y análisis de mercado, para tomar decisiones informadas. A medida que los
productos financieros se vuelven más sofisticados, la brecha informativa entre
instituciones financieras y clientes se amplía. En mercados competitivos y bien regulados,
la competencia puede ayudar a reducir esta desigualdad informativa al proporcionar más
información a los clientes. Sin embargo, cuando las fuerzas del mercado no logran
equilibrar esta situación, el acceso a datos útiles es esencial para promover la educación
financiera y facilitar la entrada de nuevos consumidores al mercado.
Para que los consumidores puedan desempeñar efectivamente su papel en la mejora de
la disciplina del mercado, es necesario que otros actores cumplan con sus
responsabilidades. Los consumidores deben recibir educación financiera y tener la
capacidad de expresar sus opiniones sobre los servicios financieros que utilizan. Las
instituciones financieras deben contribuir activamente a crear un entorno que proteja a
los consumidores. Por su parte, los gobiernos deben establecer mecanismos de
supervisión y cumplimiento normativo para asegurar que tanto consumidores como
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instituciones financieras interactúen en un marco de igualdad de oportunidades y normas
justas.
Con base en lo anteriormente planteado, el presente artículo analiza la educación
financiera como pilar fundamental para la protección de los derechos del usuario en el
sistema financiero. El estudio es tiene un enfoque cualitativo, siendo de diseño no
experimental y nivel descriptivo-documental. Se realizó una revisión bibliográfica sobre la
temática, apoyada en documentos legales como la Constitución del Ecuador, el Código
Orgánico Monetario y Financiero, y las Resoluciones de la Superintendencia de Bancos.
Adicionalmente, se utilizó información de la Organización para la Cooperación y el
Desarrollo Económico y de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo.
La Educación Financiera como Herramienta Legal para la Protección del usuario
El mercado financiero contemporáneo se caracteriza por su complejidad, dinamismo y
sofisticación, ofreciendo una amplia gama de productos y servicios financieros con
diversas características y requisitos. Varias entidades financieras trabajan para satisfacer
las necesidades de la población, ajustándose a normativas en constante evolución. Hoy
en día, las personas tienen más oportunidades que nunca para acceder a este entorno y
tomar el control de sus decisiones financieras, incluyendo el ahorro, el gasto, la gestión
de la deuda y la acumulación de riqueza.
Sin embargo, la mayoría de los usuarios enfrentan dificultades para comprender y
gestionar las diversas opciones financieras disponibles, debido a su limitado
conocimiento financiero. Por lo tanto, es crucial que la población desarrolle las
habilidades necesarias para navegar eficazmente en el mercado financiero,
aprovechando sus beneficios y asumiendo la responsabilidad de su propia seguridad
financiera. Las decisiones mal informadas pueden tener consecuencias negativas
duraderas en el bienestar personal, como una falta de planificación para la jubilación,
poca cultura de ahorro, riesgo de estafas financieras, endeudamiento excesivo, elección
de financiamientos costosos, morosidad y el pago de costos innecesarios (Lusardi &
Mitchell, 2013).
Para reducir el riesgo de tomar decisiones financieras erróneas, es esencial poseer el
conocimiento adecuado sobre los productos y servicios financieros disponibles, junto con
sus riesgos asociados. Además, es importante desarrollar competencias y actitudes
financieras que permitan aplicar los conceptos aprendidos en la vida diaria. En resumen,
una educación financiera adecuada es fundamental para lograr esto.
Según la OCDE (2021), la educación financiera combina conciencia, conocimiento,
habilidades, actitudes y comportamientos financieros esenciales para tomar decisiones
financieras informadas. Esto permite a las personas mejorar su comprensión y gestión
de los productos y servicios financieros disponibles, organizar sus finanzas de manera
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efectiva, aumentar su resiliencia financiera y alcanzar un mayor bienestar financiero
personal. Además de proporcionar conocimientos financieros, la educación financiera
también implica desarrollar comportamientos que facilitan el logro de metas financieras y
personales (Consumer Financial Protection Bureau, 2015).
La educación financiera es fundamental para promover el bienestar individual, el
desarrollo social y económico, así como la inclusión financiera. Por lo tanto, es crucial
que los programas y las iniciativas de educación financiera utilicen herramientas efectivas
para llegar a la población, no solo fortaleciendo sus conocimientos financieros, sino
también desarrollando habilidades y actitudes clave. Esto les permitirá tomar decisiones
financieras informadas y estratégicas en su vida diaria, alcanzando así los objetivos
financieros que se proponen (RFD, 2022).
Las Directrices de las Naciones Unidas para la Protección del Consumidor proporcionan
recomendaciones específicas para salvaguardar a los consumidores en el ámbito de los
servicios financieros. Para asegurar el funcionamiento adecuado de los sistemas
financieros, es necesario establecer un marco legal y normativo robusto que defina
objetivos claros para proteger el acceso de los consumidores a estos servicios y regule
las acciones de los proveedores. Además, deben crearse instituciones de supervisión y
aplicación de normas para garantizar que los mercados financieros operen correctamente
y beneficien a los consumidores.
La pandemia de COVID-19 ha intensificado la necesidad de proteger a los consumidores
de servicios financieros, especialmente debido a la rápida transición hacia servicios
financieros digitales, el aumento de la innovación en este sector, y la creciente
importancia de las remesas. Además, se ha observado un mayor riesgo de
sobreendeudamiento y quiebra entre los consumidores. Siguiendo las recomendaciones
de las Directrices de las Naciones Unidas, los gobiernos deben priorizar la creación de
marcos legales y normativos sólidos, establecer mecanismos institucionales efectivos y
asegurar el cumplimiento de las normativas y prácticas comerciales éticas para proteger
a los consumidores de servicios financieros (UNCTAD, 2022).
La crisis financiera mundial de 2008-2009 reveló las deficiencias en la protección de los
consumidores del sector financiero, lo que llevó a los gobiernos a crear o fortalecer leyes
y políticas de protección al consumidor, así como a establecer organismos responsables
de su aplicación. La protección del consumidor en el ámbito financiero debe ser una
prioridad clave en el marco legal, normativo y de supervisión. Es necesario implementar
mecanismos legales, judiciales y de supervisión efectivos para proteger a los
consumidores contra fraudes, abusos y errores financieros, y sancionarlos
adecuadamente. Por lo tanto, los países deben promulgar leyes que definan claramente
los derechos y necesidades legítimas de los consumidores.
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Las Directrices de las Naciones Unidas destacan la importancia de que los Estados
Miembros implementen políticas de protección del consumidor en el ámbito financiero.
Estas políticas deben promover buenas prácticas comerciales, proporcionar información
clara y oportuna sobre los proveedores de servicios, y asegurar términos contractuales
justos y fáciles de entender. Además, deben establecer procesos transparentes para
confirmar, anular, devolver y reembolsar transacciones, así como mecanismos de pago
seguros. También se recomienda que los Estados establezcan controles y mecanismos
de seguro adecuados para proteger los activos de los consumidores, incluidos los
depósitos (UNCTAD, 2022).
Por lo antes expuesto, la educación financiera emerge como una herramienta legal y
estratégica fundamental para la defensa del consumidor en el complejo entorno financiero
actual. Al dotar a las personas de conocimientos, habilidades y actitudes financieras
sólidas, se les permite tomar decisiones informadas y protegerse contra posibles abusos
y riesgos financieros. Además, la educación financiera complementa las políticas de
protección al consumidor promovidas por organismos internacionales, como las
Directrices de las Naciones Unidas, que enfatizan la importancia de marcos legales
sólidos y mecanismos de supervisión efectivos para garantizar la seguridad y el bienestar
financiero de los consumidores. Por lo tanto, es esencial que los gobiernos y las
instituciones continúen promoviendo la educación financiera como un pilar clave en la
defensa de los derechos del consumidor y en el fomento de una economía más justa y
equitativa.
Marco normativo relativo a la Educación Financiera: disposiciones
constitucionales y legales
La educación financiera se ha convertido en un tema prioritario desde la crisis financiera
de 2008, ya que los gobiernos y organizaciones internacionales buscan fortalecer las
capacidades financieras de la población. Esta rama de la educación se enfoca en dotar
a las personas de los conocimientos y las habilidades necesarias para gestionar sus
finanzas de manera responsable y eficiente. Al igual que otras formas de educación, la
educación financiera no solo desarrolla capacidades prácticas, sino que también
promueve valores éticos y sociales relacionados con el uso responsable del dinero. Su
importancia reside en su capacidad para mejorar la toma de decisiones financieras,
reducir la vulnerabilidad económica y fomentar la estabilidad financiera a nivel personal
y colectivo (Jiménez, 2018).
Según Trías (s.f.) la educación financiera se define como un proceso que permite a los
consumidores mejorar su comprensión de los productos financieros y adquirir un
conocimiento más profundo sobre los riesgos y oportunidades del mercado, lo que les
permite tomar decisiones económicas informadas. Sin embargo, esta definición se centra
principalmente en el consumidor final. En el contexto latinoamericano, la educación
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financiera también se extiende a personas que necesitan aprender a financiar sus
emprendimientos, como las pequeñas y medianas empresas (PYMES). Esto tiene
resultados muy positivos en términos de inclusión social, ya que facilita el acceso a
oportunidades financieras y promueve el desarrollo económico de sectores que
históricamente han tenido menos acceso a estos recursos.
En el marco de la jerarquía constitucional ecuatoriana, los objetivos económicos del
Estado, definidos en parte del artículo 284 de la Constitución, destacan la importancia de
lograr una distribución equitativa del ingreso y la riqueza nacional. Esta disposición es
crucial porque la educación financiera puede aumentar significativamente la inclusión en
el sistema bancario y crediticio, lo que a su vez puede modificar favorablemente los flujos
de producción y distribución del ingreso. Además, el artículo 52 de la Constitución
establece como deber del Estado asegurar que los ciudadanos puedan acceder a bienes
y servicios de alta calidad, lo que refuerza la necesidad de políticas que promuevan la
inclusión financiera y el acceso a servicios de calidad (Constitución del Ecuador, 2008).
El Código Orgánico Monetario y Financiero, juega un papel fundamental en la regulación
de los sistemas monetario y financiero, así como de los regímenes de valores y seguros
en Ecuador. Su importancia radica en su capacidad para establecer un marco integral de
políticas, controles y supervisión dentro del sistema financiero, además de regular cómo
se ejercen las actividades financieras y cómo interactúan con los usuarios. Es crucial que
esta interacción priorice el bienestar de los usuarios. La educación financiera, al
democratizar el acceso a conocimientos financieros, facilita el cumplimiento de los
objetivos del Código Orgánico Monetario y Financiero, promoviendo una mayor inclusión
financiera y equidad en el acceso a servicios bancarios y financieros. (Código Orgánico
Monetario y Financiero, 2014).
El conocimiento de los derechos es la herramienta más poderosa para su defensa.
Cuando una población está bien informada sobre sus derechos, puede exigir que los
prestadores de servicios los respeten y cumplan con sus obligaciones. En situaciones
donde estos derechos son violados, la población puede recurrir a las vías legales para
exigir sanciones y reparaciones, tal como lo establecen las disposiciones constitucionales
y los organismos encargados de supervisar y regular el sistema financiero. Esto garantiza
que los mecanismos de protección funcionen adecuadamente y que se mantenga el
equilibrio entre los derechos de los usuarios y las obligaciones de los proveedores de
servicios.
El Código Orgánico Monetario y Financiero establece claramente el rol de la
Superintendencia de Bancos en la supervisión y control de las entidades financieras,
abarcando los servicios que éstas ofrecen a los ciudadanos. La normativa más detallada
sobre educación financiera se encuentra en la Codificación de Resoluciones de la
Superintendencia de Bancos. En el Libro I, dedicado a las "Normas generales para la
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aplicación de las instituciones del sistema financiero", se ha reemplazado el capítulo IV
con un nuevo conjunto de artículos, entre los que se incluye el artículo 4, que define los
objetivos específicos de los "Programas de Educación Financiera". Esto refleja el
compromiso de la Superintendencia de Bancos con la promoción de la educación
financiera como una herramienta esencial para mejorar la inclusión y el bienestar
financiero de los ciudadanos (Superintendencia de Bancos, 2006).
La disposición del Código Orgánico Monetario y Financiero, en su artículo 4.2, enfatiza
que los sistemas monetarios, financiero, de valores y seguros deben servir como
herramientas para apoyar la economía real. Esto implica priorizar la economía productiva
sobre las actividades financieras especulativas. En este marco, el usuario es
fundamental, ya que su participación activa en la economía, a través del consumo, la
inversión o el emprendimiento, es lo que realmente impulsa el crecimiento económico.
Por lo tanto, la banca debe centrar sus esfuerzos en respaldar las iniciativas de los
usuarios y sus actividades productivas, que son las que generan bienes y servicios
esenciales para el desarrollo económico. Esta orientación asegura que el sistema
financiero es al servicio del bienestar económico general, en lugar de centrarse
únicamente en la especulación financiera (Jiménez, 2018).
La Codificación de la Superintendencia de Bancos, específicamente en su artículo 4.4,
se enfoca en mejorar la comprensión y conocimiento de los productos y servicios
financieros, lo que permite a los usuarios tomar decisiones financieras informadas. Este
objetivo está alineado con lo dispuesto en el artículo 4 numeral 6 del Código Orgánico
Monetario y Financiero, que prioriza la protección de los derechos de los ciudadanos. Es
ampliamente reconocido que el conocimiento de los derechos es la mejor defensa para
su ejercicio efectivo, y en este sentido, la educación financiera juega un papel vital al
empoderar a los usuarios con información precisa. Además, el papel de los organismos
de control y supervisión es crucial para garantizar que estos derechos sean respetados
y protegidos adecuadamente.
Por otra parte, existe una clara concordancia entre el artículo 4.5 de la Codificación de la
Superintendencia de Bancos y el artículo 4.1 del Código Orgánico Monetario y Financiero.
Mientras que el primero promueve el acceso equitativo a los servicios financieros para
todos los grupos poblacionales, el segundo enfatiza la primacía del ser humano sobre el
capital. Esta alineación refleja el compromiso del Ecuador como un Estado constitucional
de derechos y justicia, donde la Constitución otorga prioridad a los derechos
fundamentales de las personas. Esta supremacía constitucional asegura que las políticas
y regulaciones financieras estén orientadas a proteger y promover el bienestar de los
ciudadanos.
Por otra parte, el proyecto de Ley Orgánica de Educación Financiera, busca crear un
marco legal que asegure la inclusión de la educación financiera en todos los niveles
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educativos, desde la educación básica hasta la superior. Su objetivo principal es
desarrollar habilidades financieras en la población ecuatoriana, promoviendo prácticas
como el ahorro, la inversión responsable, y el entendimiento del sistema financiero.
Además, se busca prevenir delitos financieros, adaptarse a nuevos modelos financieros
digitales, y reducir el sobreendeudamiento. Mediante la implementación de programas
educativos bien estructurados y accesibles, se aspira a mejorar la capacidad de gestión
financiera de los ciudadanos, lo que a su vez mejorará su calidad de vida y fortalecerá la
estabilidad económica del país.
El marco normativo relativo a la educación financiera en Ecuador se sustenta en una
sólida base constitucional y legal que busca promover la inclusión financiera y el bienestar
económico de sus ciudadanos. La Constitución del Ecuador, junto con el Código Orgánico
Monetario y Financiero, establecen los principios fundamentales para la regulación del
sistema financiero, priorizando la economía real y la protección de los derechos
ciudadanos. La Codificación de Resoluciones de la Superintendencia de Bancos
complementa este marco al enfocarse en mejorar el acceso a los servicios financieros y
la comprensión de los productos financieros, lo que es esencial para que los usuarios
tomen decisiones informadas. La educación financiera, en este contexto, desempeña un
papel crucial al empoderar a los ciudadanos con el conocimiento necesario para navegar
el sistema financiero de manera efectiva, contribuyendo así a una sociedad más justa y
solidaria. En última instancia, este marco normativo refleja el compromiso del Estado
ecuatoriano con la justicia social y el desarrollo económico sostenible.
Relación entre Derecho y Finanzas: Cómo la Educación Financiera fortalece la
toma de decisiones legales
La educación financiera es un proceso esencial que busca dotar a las personas de una
comprensión exhaustiva de los conceptos y productos financieros, con el objetivo de
desarrollar habilidades que les permitan evaluar riesgos y oportunidades financieras de
manera efectiva. Esto les permite tomar decisiones informadas que, en última instancia,
mejoran su calidad de vida (Salas & Ticlla, 2022). Además, el uso adecuado de bienes
y servicios financieros es fundamental para mantener un equilibrio en las finanzas
personales, lo que resulta crucial para lograr la estabilidad económica y el bienestar
general. En este contexto, la educación financiera desempeña un papel crucial al abordar
las necesidades básicas y de seguridad, como se describe en la pirámide de Maslow,
contribuyendo así a satisfacer estas necesidades fundamentales y promoviendo un
desarrollo integral de las personas.
El creciente interés global en la educación financiera se debe a varios factores. La
expansión de las instituciones de microfinanzas ha aumentado la variedad de productos
financieros disponibles, lo que ha permitido a personas y comunidades previamente
excluidas acceder a servicios financieros. Esto ha impulsado la inclusión financiera y ha
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mejorado significativamente la calidad de vida de muchos individuos, especialmente en
economías en desarrollo (García et. al., 2022). Sin embargo, este avance también ha
generado desafíos importantes, como el endeudamiento excesivo y la falta de
transparencia en el mercado financiero. La facilidad para obtener créditos y préstamos
ha llevado a algunas personas a incurrir en deudas que luego se vuelven difíciles de
gestionar, lo que puede resultar en crisis económicas tanto a nivel personal como
comunitario. Por lo tanto, la educación financiera se vuelve esencial para abordar estos
desafíos y promover un uso responsable de los servicios financieros (Guzmán-
Fernández, 2022).
La educación financiera se ha vuelto cada vez más crucial al brindar a las personas las
herramientas necesarias para tomar decisiones financieras informadas y responsables,
lo que ayuda a evitar caer en ciclos de endeudamiento insostenible. La crisis financiera
mundial ha puesto de relieve la importancia de abordar las incoherencias de información
entre los diversos actores involucrados en las actividades financieras. La falta de
transparencia y el malentendido de los riesgos financieros fueron factores decisivos que
contribuyeron a la crisis. Por lo tanto, una mayor educación financiera puede ayudar a los
individuos, inversionistas y empresas a comprender mejor los productos financieros y los
riesgos asociados, lo que promueve una toma de decisiones más informada y reduce la
probabilidad de futuras crisis financieras. Esto no solo beneficia a los individuos, sino que
también contribuye a la estabilidad del sistema financiero en su conjunto (Guevara &
Rodríguez, 2021).
La crisis financiera mundial subrayó la importancia de desarrollar y fomentar políticas que
protejan a los consumidores de servicios financieros. Sus efectos se sintieron
profundamente en la vida diaria de personas, familias y empresas, lo que llevó a países
y organizaciones internacionales, como la OCDE, a intensificar sus esfuerzos para
restaurar la confianza en el sector financiero. Además, es vital establecer mecanismos
efectivos para resolver disputas y quejas de los consumidores, asegurando que se
sientan protegidos y respaldados ante problemas o malas prácticas de las entidades
financieras. La educación financiera es un componente clave para empoderar a los
consumidores, permitiéndoles tomar decisiones financieras más informadas y
responsables. Esto requiere brindar herramientas y conocimientos que mejoren la
comprensión de conceptos financieros y desarrollen habilidades de gestión financiera
personal, lo que a su vez promueve la inclusión financiera y reduce la vulnerabilidad
económica.
La educación financiera juega un papel crucial en el fortalecimiento de la toma de
decisiones legales al proporcionar a las personas las herramientas necesarias para
comprender y navegar el complejo entorno financiero. Al empoderar a los individuos con
conocimientos financieros sólidos, se facilita la toma de decisiones informadas que no
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solo mejoran su situación económica personal, sino que también reducen el riesgo de
violaciones legales relacionadas con la gestión financiera. La educación financiera
fortalece la toma de decisiones legales de la siguiente manera:
Conocimiento de los Derechos y Obligaciones Financieras: la educación financiera
permite a las personas comprender sus derechos y obligaciones en el ámbito
financiero, lo que les ayuda a evitar situaciones legales complicadas. Al estar
informados sobre las leyes y regulaciones financieras, pueden tomar decisiones que
se ajusten a la legalidad y protejan sus intereses.
Prevención de Delitos Financieros: al entender mejor los riesgos financieros y cómo
identificar posibles fraudes o delitos financieros, las personas pueden tomar medidas
preventivas. Esto no solo reduce la probabilidad de ser víctimas, sino que también evita
involucrarse en actividades ilegales sin intención.
Gestión Responsable de los Recursos: la educación financiera promueve la gestión
responsable de los recursos financieros, lo que reduce el riesgo de endeudamiento
excesivo y problemas legales asociados. Al planificar y gestionar sus finanzas de
manera efectiva, las personas pueden evitar situaciones que podrían llevar a disputas
legales con acreedores o instituciones financieras.
Acceso a Servicios Legales Adecuados: al estar mejor informados sobre sus derechos
financieros, las personas pueden buscar asesoramiento legal adecuado cuando lo
necesiten. Esto les permite abordar cualquier disputa o problema legal de manera más
efectiva y proteger sus intereses.
En tal sentido, la educación financiera desempeña un papel fundamental en el
fortalecimiento de la toma de decisiones legales al empoderar a las personas con
conocimientos financieros sólidos. Al comprender mejor sus derechos y obligaciones
financieras, las personas pueden tomar decisiones informadas que no solo mejoran su
situación económica personal, sino que también reducen el riesgo de violaciones legales
relacionadas con la gestión financiera. La educación financiera promueve la gestión
responsable de los recursos, previene delitos financieros y facilita el acceso a servicios
legales adecuados. En última instancia, este empoderamiento contribuye a un entorno
económico más estable y justo, donde las decisiones legales se toman de manera
responsable y consciente, protegiendo los intereses de los individuos y fortaleciendo el
sistema legal en su conjunto.
Protección y defensa de derechos de los usuarios del sistema financiero
La protección y defensa de los derechos de los usuarios del sistema financiero
constituyen un pilar fundamental en la regulación y supervisión del sector financiero. En
un entorno cada vez s complejo y globalizado, es crucial garantizar que los
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consumidores financieros puedan acceder a servicios justos, transparentes y seguros.
Esto implica no solo la implementación de normas claras y efectivas, sino también la
creación de mecanismos eficientes para resolver disputas y reclamos de manera
oportuna. La protección del usuario financiero no solo fortalece la confianza en el sistema
financiero, sino que también promueve un mercado más equitativo y competitivo, donde
los derechos de los consumidores sean respetados y defendidos adecuadamente.
La Superintendencia de Bancos, en uso de sus atribuciones, ha sustituido el capítulo III
“Código de derechos y obligaciones del usuario de las entidades de los sectores
financieros público y privado”, título XIII “De los usuarios financieros”, libro I “Normas de
control para las entidades de los sectores financiero público y privado” de la Codificación
de Normas de la Superintendencia
de Bancos, por el siguiente: Capítulo III.- De la protección y defensa de los derechos del
usuario financiero de las entidades de los sectores financieros público y privado. Esta
norma se centra en proteger y defender los derechos e intereses de los usuarios que
interactúan con entidades financieras tanto públicas como privadas. Las normas relativas
a la protección y defensa de los derechos de los usuarios financieros deben estar
diseñadas para facilitar el ejercicio pleno de sus derechos, asegurando su protección y
defensa efectivas.
De acuerdo con la resolución No.SB-2019 de la Superintendencia de Bancos, mediante
la cual expide el Proyecto de Norma: Protección y Defensa de los Derechos del Usuario
Financiero de las Entidades de los Sectores Financieros Público y Privado, los principios
generales que deben observarse para la protección y defensa de los derechos de los
usuarios del sistema financiero son entre otros los siguientes:
Buena Fe: los usuarios de productos y servicios financieros deben ejercer sus
derechos dentro del marco del principio universal de la buena fe, asegurando que todas
las acciones sean transparentes y éticas.
Irrenunciabilidad de Derechos: los derechos de los usuarios en los sectores financieros
público y privado son inalienables. Cualquier estipulación que intente renunciar a estos
derechos será considerada nula.
Sanas Prácticas: la prestación de servicios financieros debe ajustarse a principios de
buena fe, confianza, transparencia, seguridad y sanas prácticas. Esto garantiza una
competencia leal y prohíbe acuerdos que restrinjan o falseen dicha competencia.
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In Dubio Pro Usuario: en caso de duda sobre condiciones contractuales, se
interpretarán en el sentido más favorable al usuario financiero, asegurando su
protección.
Protección: los derechos del usuario financiero son protegidos por la propia entidad
financiera, el Defensor del Cliente y la Superintendencia de Bancos. Estas entidades
pueden actuar de oficio o a petición de parte, según la Constitución y las leyes
aplicables. Se busca siempre una solución amigable entre las partes, y cualquier
arreglo directo puede ser considerado como atenuante en procedimientos
administrativos.
La Superintendencia de Bancos establecerá las instrucciones necesarias para que los
procedimientos de atención de quejas y reclamos incluyan medidas que garanticen la
independencia en las decisiones y el manejo adecuado de conflictos de interés. Las
entidades financieras públicas y privadas deben asegurarse de que sus procedimientos
para transmitir información al área de atención al cliente sean rápidos, seguros, eficaces
y coordinados.
El usuario financiero puede presentar reclamos ante la entidad financiera, el Defensor del
Cliente o la Superintendencia de Bancos si considera que sus derechos han sido
vulnerados. En particular, puede reclamar en los siguientes casos: si existen cláusulas
que violan sus derechos e intereses; para proteger su información personal, crediticia y
financiera, y exigir su rectificación si es necesario; si los métodos de cobranza
extrajudicial afectan su privacidad, dignidad personal o familiar; o si considera que las
entidades financieras no cumplen con las ofertas financieras presentadas.
La protección y defensa de los derechos de los usuarios del sistema financiero
constituyen un pilar esencial para garantizar un mercado justo y transparente. A través
de normas claras y mecanismos efectivos, como la intervención de la Superintendencia
de Bancos y el Defensor del Cliente, se asegura que los consumidores financieros
puedan acceder a servicios seguros y confiables. La promoción de prácticas sanas y la
resolución oportuna de reclamos no solo fortalecen la confianza en el sistema financiero,
sino que también fomentan un entorno competitivo donde los derechos de los usuarios
sean respetados y protegidos. En última instancia, esta protección contribuye a un
desarrollo económico más equitativo y sostenible, donde todos los actores puedan
participar con igualdad de condiciones.
Análisis y discusión de resultados
La educación financiera se ha convertido en una herramienta crucial para la protección
legal de los consumidores financieros. En un entorno cada vez más complejo, donde las
decisiones financieras pueden tener implicaciones legales significativas, la educación
financiera desempeña un papel vital en la toma de decisiones informadas. Esta
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herramienta no solo permite a los consumidores comprender mejor los productos y
servicios financieros, sino que también les brinda los conocimientos necesarios para
defender sus derechos frente a las entidades financieras, pues de acuerdo con lo
manifestado por (Lusardi & Mitchell, 2013), las decisiones mal informadas pueden tener
consecuencias negativas duraderas en el bienestar de las personas por una falta de
planificación y previsión en este sentido.
Por otra parte, según lo expuesto por Jiménez (2018), la educación financiera no solo
desarrolla capacidades prácticas, sino que también promueve valores éticos y sociales
relacionados con el uso responsable del dinero y su importancia radica en la capacidad
de mejorar la toma de decisiones financieras, reducir la vulnerabilidad económica y
fomentar la estabilidad financiera. En tal sentido, el marco normativo relativo a la
educación financiera en muchos países se basa en disposiciones constitucionales y
legales que promueven la inclusión financiera y la protección del consumidor. En
Ecuador, por ejemplo, la Constitución y leyes como la Ley Orgánica de Defensa del
Consumidor establecen principios que garantizan el acceso a información precisa y no
engañosa sobre productos financieros. Además, la Superintendencia de Bancos juega
un papel clave en la regulación y supervisión del sector financiero, asegurando que las
entidades cumplan con normas éticas y de transparencia.
La relación entre derecho y finanzas es intrínseca, ya que las decisiones financieras están
sujetas a un marco legal que las regula. La educación financiera fortalece la toma de
decisiones legales al proporcionar a los consumidores los conocimientos necesarios para
navegar por este complejo entorno. Al entender mejor sus derechos y obligaciones, los
consumidores pueden evitar situaciones que podrían derivar en conflictos legales, como
la firma de contratos con cláusulas abusivas o la falta de transparencia en los términos
de los productos financieros; pues tal como señalan (Salas & Ticlla, 2022), la educación
financiera es un proceso esencial que busca promover en las personas una comprensión
detallada de los conceptos y productos financieros, con el objetivo de desarrollar
habilidades que les permitan evaluar amenazas y oportunidades financieras de manera
efectiva, lo cual les permitirá tomar decisiones informadas que mejoren su calidad de
vida.
La protección y defensa de los derechos de los usuarios del sistema financiero es un
aspecto esencial de la educación financiera. Al estar bien informados, los consumidores
pueden exigir que sus derechos sean respetados y pueden tomar medidas legales
cuando estos son vulnerados. La existencia de figuras como el Defensor del Cliente y la
Superintendencia de Bancos garantiza que los consumidores tengan acceso a
mecanismos efectivos para resolver disputas y reclamos de manera justa y oportuna.
Adicionalmente, de acuerdo con (Guevara & Rodríguez, 2021), es importante fortalecer
la educación financiera pues de esta manera tanto las personas como las empresas
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podrán tener un mayor conocimiento de los productos financieros que ofrecen las
instituciones, así como también, promoverá la toma de decisiones informadas, lo que
contribuirá en gran medida a lograr la estabilidad del sistema financiero, para evitar
futuras crisis.
Por lo antes expuesto, la educación financiera es una herramienta fundamental para la
protección legal de los consumidores financieros. Al fortalecer la toma de decisiones
informadas, promueve un mercado más equitativo y transparente. En el futuro, es crucial
que los esfuerzos por mejorar la educación financiera continúen, especialmente en un
entorno cada vez más digitalizado, donde las decisiones financieras pueden tener
consecuencias significativas. La colaboración entre reguladores, entidades financieras y
consumidores es esencial para asegurar que la educación financiera siga siendo un pilar
en la defensa de los derechos de los usuarios del sistema financiero.
Para profundizar en el análisis sobre cómo la educación financiera protege legalmente a
los consumidores financieros, es importante destacar su papel en la reducción del riesgo
de fraude y abuso financiero. La educación financiera no solo proporciona conocimientos
sobre productos y servicios financieros, sino que también enseña a los consumidores a
identificar prácticas desleales y a defender sus derechos frente a las instituciones
financieras. Esto es especialmente relevante en un entorno cada vez más complejo y
digitalizado, donde las transacciones financieras pueden realizarse de manera rápida y
sin la debida supervisión, aumentando el riesgo de errores o fraudes.
Otro aspecto crucial es la colaboración entre reguladores, entidades financieras y
consumidores para fortalecer la educación financiera. Esta colaboración puede incluir
campañas de concienciación, programas educativos y la creación de mecanismos
efectivos para resolver disputas y reclamos. En muchos países, las autoridades
reguladoras, como la Superintendencia de Bancos en Ecuador, desempeñan un papel
clave en la supervisión del sector financiero y en la promoción de prácticas éticas y
transparentes. Además, la educación financiera ahora se ha incluido de manera
obligatoria en el currículo de las instituciones educativas, reguladas por el Ministerio de
Educación, para asegurar que las futuras generaciones tengan una base sólida para
tomar decisiones financieras informadas desde una edad temprana.
Finalmente, la educación financiera también contribuye a la estabilidad del sistema
financiero al promover decisiones informadas y responsables. Esto no solo beneficia a
los consumidores individuales, sino que también ayuda a prevenir crisis financieras a gran
escala. Al mejorar la comprensión de los productos financieros y al fomentar la
planificación financiera a largo plazo, la educación financiera puede reducir el
sobreendeudamiento y mejorar la inclusión financiera, especialmente en entornos
vulnerables. Además, la educación financiera puede ser un catalizador para la
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sostenibilidad financiera, al enseñar a las personas a gestionar sus recursos de manera
eficiente y a invertir de forma responsable.
Conclusiones
En un entorno globalizado y digitalizado, la educación financiera se vuelve n más
relevante; ya que permite capacitar a los usuarios para comprender a fondo los términos
y condiciones de los contratos financieros, evaluar los riesgos asociados y tomar
decisiones que se ajusten a sus necesidades y capacidades reales. Esta comprensión
reduce significativamente la probabilidad de verse envuelto en disputas legales derivadas
de cláusulas abusivas, falta de transparencia o prácticas engañosas por parte de las
entidades financieras, promoviendo así una relación más equitativa y protegida entre los
usuarios y el sistema financiero.
La educación financiera es, pues, una herramienta esencial para la protección legal de
los consumidores en el complejo entorno financiero actual. Al proporcionar
conocimientos, habilidades y actitudes financieras sólidas, permite a las personas tomar
decisiones informadas y protegerse contra posibles abusos y riesgos financieros; por lo
tanto, es crucial que los gobiernos y las instituciones continúen promoviendo la educación
financiera como un pilar clave en la defensa de los derechos del consumidor y en el
fomento de una economía más justa y equitativa.
La educación financiera emerge como un pilar fundamental dentro del marco legal
ecuatoriano, respaldada por la Constitución, el Código Orgánico Monetario y Financiero,
y las resoluciones de la Superintendencia de Bancos. Este enfoque integral no solo busca
empoderar a los ciudadanos con el conocimiento y las habilidades necesarias para tomar
decisiones financieras informadas, sino que también promueve la inclusión financiera y
la protección de sus derechos, contribuyendo así a una sociedad más equitativa y un
sistema financiero más sólido y orientado al bienestar general.
La educación financiera es un componente esencial para fortalecer la toma de decisiones
legales en el ámbito financiero. Al proporcionar a las personas las herramientas y el
conocimiento necesarios para comprender los productos y servicios financieros, evaluar
riesgos y oportunidades, y evitar el sobreendeudamiento, se reduce la probabilidad de
conflictos legales y se promueve un sistema financiero más justo y transparente.
Empoderar a los individuos con educación financiera no solo mejora su bienestar
económico personal, sino que también contribuye a la estabilidad y confianza en el
sistema financiero en su conjunto.
La protección y defensa de los derechos de los usuarios del sistema financiero son
fundamentales para un mercado justo y transparente, donde los consumidores pueden
acceder a servicios seguros y confiables. Normas claras, mecanismos efectivos como la
Superintendencia de Bancos y el Defensor del Cliente, y la promoción de prácticas sanas
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fortalecen la confianza en el sistema financiero. La resolución oportuna de reclamos y la
protección de los derechos de los usuarios contribuyen a un desarrollo económico más
equitativo y sostenible, permitiendo la participación en igualdad de condiciones para
todos.
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